sábado, 13 de noviembre de 2010

Pero ¡ah que bien besaba el condenado! .*

No es que esté acostumbrada a esos menesteres
De andar enroscándole los brazos al transeúnte (que me guste abrazar al mundo o abrirle los brazos con toda la actitud de sonriente idiota -y su equivalencia con ingenuidad- ese si ya es otro cuento) pero Ese que no es Aquél se fue adentrando en mi mente como caminante despreocupado que querría también devolverme en un locuaz acceso el gesto.
Con brinquitos iba a su encuentro, a sus
Sabrosos y esporádicos apretones.

No me quedó clara nunca la forma con la que actuabas, por más que intentaras explicarte, el misterio y el encanto de tu sinceridad siguen siendo difíciles de concebir en esta mente acostumbrada a las mentiras, y creo que en eso estaba el encanto: parecías entender algo que se escapaba a mi percepción de fruta verde.

¡Que bonito intentar/te!

Duró poco más de un mes, y casi coincide con el fin de semestre: no se en cuantos ratitos libres entre tareaytarea te voy a pensar, soy nueva en esto de conocer hombres.


Pero ¡ah que bien besaba el condenado!

(Y mira que me puse a escribir de amor, awwww!)

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